Prólogo...

Cada vez que se me pregunta qué “representa para mí la fotografía”, me viene el termino terapia y recuerdo la serie Refugios Interiores que realicé en diciembre de 2009.

En aquella época atravesaba una temporada difícil y sentí la necesitad de refugiarme. Trabajar esas imágenes ha sido una escapatoria salvadora que me permitió recapacitar y salir adelante. No era la primera vez que acudía a la fotografía para canalizar emociones que alteraban mi tranquilidad. En 2008, el proyecto R.A.D.I.O me permitió plasmar la angustia que representó la enfermedad de mi madre.

Es evidente que la fotografía no cura nuestras heridas. Sin embargo, el aislamiento que genera el proceso creativo nos ofrece un refugio frente a la tormenta, un paréntesis tranquilizador. Es un camino hacia el consuelo del desasosiego que nos produce la sobrecarga de emociones a veces difíciles de reprimir.

No obstante sería un error reducir exclusivamente la fotografía a la exteriorización de sensaciones dañinas. NYC 911, el primer trabajo que realicé en 2001, expone toda la ansiedad creativa que se había despertado dentro de mí cuando descubrí, a través del objetivo, la fascinante ciudad de Nueva York. Ese mismo año, Descanso de un guerrero, plasma la paz que sentí al saber que había encontrado mi camino y, Sides Playas, del año 2006, expresa la plenitud que experimenté en las playas perdidas de Provincetown.

Al fin y al cabo, la fotografía no es más que un medio de expresión -vital para mí- para plasmar un día tras otro, una emoción tras otra.

Extracto de Intime de Axelle Fossier

Octubre 2011